
Camino a Ranquil, el grupo fue rearmándose, porque algunos se habían separado de la comitiva. A algunos les tocó más y a otros menos llegar, pero definitivamente al Pancho le costó más que a ninguno. Cuando llegamos al lugar donde teníamos que tocar, hubo onda al toque. Estábamos llegando a un camping que daba al río Itata, que tenía el escenario en la playita y una terrible ni que fogata estaba esperando a ser encendida más tardecito. Nos bajamos del bus y partimos al río en tres tiempos, a seguir disfrutando de la generosidad de la geografía de Chile.
En la noche, después de la presentación de las candidatas a reinas y después de encendida la fogata, comenzamos a tocar para los ranquilinos, que prendieron con nuestras canciones, se las bacilaron con gusto y armaron una tremenda fiesta. Después de la tocata, a disfrutar de la fogatita, melón con vino, guitarreo playero y todo pasando; una noche especial, porque era la primera fogata de la gira, que nos daba la mano para compartir por más tiempo con los amigos del lugar, con el Claudio a pata pelá en la playa y Perrín en una de sus mejores presentaciones. Nos fuimos a descansar a Longaví, para después ir a Quinta de Tilcoco y luego pasar un rato por Santiago, para ver cómo anda la cosa en nuestras casas.
